cuales son las emociones secundarias

Las emociones secundarias

Todos sabemos qué son las emociones, experimentamos varias de ellas cada día y lo hacemos desde el momento en que nacemos. Existen dos tipos de emociones: Las emociones primarias y las emociones secundarias.

 

Desde la psicología online se descubrió la gran importancia que tienen en nuestras vidas. Nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno y por tanto están directamente relacionadas con nuestra supervivencia.

 

Unas que son más innatas y las compartimos en mayor medida con los animales (emociones primarias), como son la alegría, el miedo, la tristeza, la rabia, etc.

 

Tenemos también otras más complejas que suponen un proceso de aprendizaje (emociones secundarias), como son la vergüenza, los celos, la culpa, el orgullo, etc. En un artículo anterior, hemos hablado del primer grupo, las emociones primarias, en este artículo vamos a poner el foco en las emociones secundarias.

 

¿Qué son las emociones secundarias?

 

Las emociones secundarias implican un proceso más complejo de pensamiento, en base a lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, de experiencias y de las expectativas que tenemos ante las situaciones.

 

A estas emociones también se les ha denominado sociales, porque derivan del vinculo de unión entre personas, en situaciones en las que queremos, por ejemplo, obtener aprobación para alcanzar lo que esperan los demás de nosotros, o el de recibir amor o admiración.

 

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¿Cuáles son las emociones secundarias?

 

A continuación, definimos algunas de las emociones secundarias más frecuentes:

 

  • Vergüenza: Es el miedo a no llegar a ser válido ni aceptado socialmente al estatus que uno desea estar. Esta emoción genera malestar porque muchas veces nos lleva a evitar situaciones, escondernos o intentar adaptarnos a las expectativas de los demás.

  • Ejemplos: “¿Qué van a pensar de mí si hago X?” “¿Qué imagen daré si cuento Y?”

 

  • Culpa: La culpa nace de la sensación de haber hecho algo que sentimos que no deberíamos haber hecho. Es un sentimiento muy desgastante y supone una carga muy grande que, a menudo, hace que la persona no pueda avanzar. Incluso podemos llegar a pensar que merecemos un castigo por ello.

  • Ejemplos: “Debería haber hecho X y no lo hice” “Si no hubiera dicho Y, no habría pasado lo que pasó”

 

  • Orgullo: Significa estar satisfechos de nosotros mismos o de algo que hemos echo. En su justa medida, es bueno para conservar nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos. Sin embargo, cuando es en exceso o con el fin de usarlo como arma de defensa o sentirnos superiores a los demás, puede ser perjudicial.

  • Ejemplos: “Estoy orgulloso/a por el buen trabajo que he terminado” “Yo soy mejor, y por eso tengo la razón”

 

  • Placer: Es una sensación positiva y agradable que experimentamos cuando satisfacemos alguna necesidad. El placer es un motivador para el aprendizaje de determinados comportamientos que son esenciales para la supervivencia (comer, dormir, reproducirnos, etc.), y también lo extrapolamos a otros ámbitos vitales (aficiones, relaciones sociales, etc.). Sin embargo, como todo, en exceso es malo, hay que tener cuidado con la euforia excesiva, que puede tapar a los miedos y llevar a consecuencias peligrosas.

  • Ejemplos: “Que bien me ha sentado comer y echarme una siesta” “Que bien me hace sentir esta droga”

 

  • Celos: Cuando percibimos una amenaza hacia algo que consideramos propio. En su justa medida, pueden ayudarnos a conseguir lo que queremos. Sin embargo, los celos en la mayoría de los casos provienen de una falta de autoestima y confianza en uno mismo, y si son excesivos, (como en la celopatía), justamente nos alejan más de aquello que realmente queremos.

  • Ejemplos: “Qué tiene o qué hace él/ella que yo no tenga/haga?” “Mi pareja se va a ir con esta persona del trabajo porque es más guapa”

 

¿Cómo se conectan ambos tipos de emociones?

 

Varios autores proponen que las emociones secundarias derivan de las primarias. Concretamente, representan el resultado de una exposición prolongada de cada una de ellas.

 

  • El miedo extendido en el tiempo causa ansiedad, angustia, pánico, vergüenza, etc.

  • La tristeza a largo plazo genera depresión, pesimismo, culpa, etc.

  • La alegría concentrada produce placer, amor, etc.

  • La ira puede ser el origen del odio, el rencor, la indignación, los celos, etc.

  • El asco prolongado puede provocar repugnancia, rechazo, etc.

 

En el fondo, no existen emociones buenas ni malas, cada emoción tiene una función importante para nuestra supervivencia. Sin embargo, mal gestionadas, pueden causarnos mucho malestar. Si crees que te falta gestión emocional, que vives en la inestabilidad emocional, puedes contactar con nuestro equipo de psicólogos online. Aprenderás estrategias para gestionar tus emociones, de manera práctica y personalizada.

 

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