saber si siento ansiedad

Todo sobre la ansiedad

 

Las emociones son procesos psicológicos que sirven para adaptarnos al entorno. Dependiendo de las circunstancias que vivamos, de lo que pensemos y de lo que hagamos, sentiremos unas u otras. Nacemos con seis emociones básicas que son: La sorpresa, la alegría, el asco, la tristeza, la ira y el miedo. Desde la psicología online nos centraremos hoy en la ansiedad. Si quieres saber todo sobre la ansiedad, éste es tu artículo.

 

¿Para qué sirve la ansiedad?

 

Cada emoción sirve para una cosa diferente; la sorpresa para alertarnos de una novedad en el entorno; la alegría para indicar que sentimos satisfechas nuestras necesidades; el asco nos ayuda a no tomar alimentos que nos puedan hacer enfermar; la tristeza nos ayuda a reclamar ayuda y recobrar energía; la ira nos permite destruir barreras que nos impiden cumplir nuestros objetivos; y el miedo nos ayuda a escapar de los peligros.

A medida que nos vamos desarrollando, las emociones se combinan entre sí o evolucionan en nuevas formas, el estrés por ejemplo, es un sentimiento que nos ayuda a utilizar la energía para gestionar los recursos del entorno. Cuando el estrés y la capacidad de la persona van a la par se produce “estrés del bueno”, lo llamamos “Eutrés”, pero si el estrés sobrepasa nuestras capacidades se produce “estrés del malo” o “Distrés”. Es en esos momentos cuando se combina con el miedo, por temor a no tener preparación para lo que viene, de esa unión nace la Ansiedad, una emoción mixta, compleja, poderosa y útil en pequeñas dosis.

 

Diferencias entre miedo y ansiedad

 

La diferencia entre el miedo y la ansiedad radica básicamente en la temporalidad; mientras que el miedo nos hace temer un peligro real actual, como un fuego o un animal salvaje; la ansiedad, por su parte, nos hace temer un peligro real o imaginario que está por venir, además no sabemos cuándo acontecerá ese peligro que vaticinamos.

La ansiedad es un sentimiento de nerviosismo e inquietud por miedo a que algo malo pueda suceder y no podamos preverlo, para poder tener las herramientas necesarias y afrontarlo.

Cuando las personas entran en bucle con las preocupaciones por dichos peligros futuros es cuando la ansiedad deja de ser útil, pasa a ser una emoción que nos mantiene alerta sobre un futuro catastrófico, donde ocurrirán una serie de circunstancias que no podremos gestionar. En ese contexto de peligro, sentimos que estaremos tan indefensos como un niño de 8 años ante un problema de adultos y una serie de consecuencias malas vendrán a nuestras vidas.

 

¿Qué síntomas tienes cuando sientes ansiedad?

 

  • Miedo irracional: Es uno de los síntomas estrella que están presente en todos ellos, la temática sobre todo está relacionada con pérdida de la salud, pérdida de un ser querido, recibir daño físico o psicológico, fracasar, quedar en ridículo delante de la gente, acabar en la ruina, así como, tener un accidente.

    Los miedos suelen ser más irracionales si comenzaron en la infancia y se han seguido manteniendo. A veces la persona reconoce esta condición de irracional, pero es incapaz de afrontarlo y las veces que lo ha intentado no lo ha conseguido. En otras ocasiones, la persona busca excusas para permanecer en su situación tal cual está, aunque sufra.

  • Nerviosismo e irritabilidad: La persona está alerta por la presencia de un posible peligro pueda presentarse, con lo cual, está tensa y a la más mínima salta al ataque. Como si nuestro “lado cavernícola” se preparara para luchar contra el oso o el tigre dientes de sable, con la salvedad que ahora las amenazas son “de papel” o “electrónicas”, como por ejemplo las facturas.

  • Insomnio: El organismo está tan alerta, que no puede permitirse bajar la guardia ni para dormir, ya que es el momento donde estamos más vulnerables. El sistema nervioso está tan activo, que a la persona no le queda más remedio que permanecer en vigilia. Hay tres tipos de insomnio: Primario (“me cuesta dormirme”), secundario (“me despierto en mitad de la noche y no me duermo”) y terciario (“me despierto muy temprano, más de lo que me gustaría”).

  • Aumento en el apetito y ganancia de peso: Muchas personas utilizan la comida para afrontar la ansiedad, porque masticar relaja. Desde niños la comida se ha asociado a la protección con el amamantamiento o la alegría en celebraciones festivas. Además, al comer el control de lo que estás haciendo en ese momento. El problema viene que en el momento que vuelva la ansiedad, volverás a comer o a sentir hambre, llegando a desarrollar obesidad.

    Vivimos en una época donde la comida es hipercalórica, todo tiene exceso de sales, grasas y azúcares, que es lo más atractivo le resulta a nuestro cerebro para la supervivencia. Por eso, es muy habitual si comes sin restricciones tener sobrepeso. El problema viene con los atracones, cuando se pierde el control de lo que se ingiere con una gran velocidad y a escondidas, eso es lo que de verdad produce la obesidad. Todo esto puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria.

  • Dolor corporal: La tensión muscular, la somatización de las emociones cuando la ansiedad “te da la cara” en el cuerpo, las ganas de vomitar o defecar, los temblores, hormigueo en las extremidades, opresión en el pecho con angustia y el dolor por todo el cuerpo, es una manifestación corporal de estados de ansiedad muy elevados.

  • Ataques de pánico: En los ataques de pánico, tenemos un enorme temor a perder el controlmiedo a volvernos locos o miedo a que nos de un infarto. Es una ansiedad extrema que nos avisa que las cosas no van bien, según reaccione la persona ante este “aviso del cuerpo”, así se desarrollará un trastorno u otro.

  • Aislamiento social: Cuando sentimos mucha ansiedad, nos da vergüenza que los demás nos vean así, que nos critiquen o nos juzguen, sobre todo si se ha sufrido acoso escolar (Bullying). Es entonces cuando la persona se aísla de los demás, deja de salir a la calle y relacionarse con las demás personas.

  • Doctor shopping”: Si la persona tiene ciertas tendencias hipocondríacas, a la más mínima señal, irá al médico. El problema reside en que la atención se focaliza en exceso en la sintomatología física o si se repiten los ataques de pánico. Es entonces, cuando la persona comienza a ir al médico por todo, como quien va al súper mercado; ya sea a consulta, a hacerse análisis, o a tranquilizarse y le diga “que no tiene nada”.

  • Comprobaciones: Las personas ansiosas se quedan tranquilas cuando han comprobado que no va a ocurrir lo que tanto temen. Por eso necesitan comprobar varias veces antes que la puerta está cerrada, que se apagó el gas, etc. Pero llega un momento en que la persona lo acaba yendo a comprobar para que se reduzca el nivel de ansiedad y no porque desconozca si la puerta o el gas están cerrados. Este proceso pasa a ser compulsivo y alimenta la perpetuación de la ansiedad.

  • Perfeccionismo y necesidad de control: Las personas con mucha ansiedad tienen a menudo sentimiento de culpa, piensan que si no hacen las cosas bien, por su culpa ocurrirá algo malo, por eso necesitan controlarlo todo y hacerlo perfecto para que no haya ningún error. Los problemas vienen cuando las circunstancias no ocurren como se planean y se debe improvisar, es en estos momentos cuando la ansiedad se dispara y la irritabilidad también. La trampa del perfeccionismo está en que siempre se puede mejorar, con lo cual, nunca está lo bastante bien hecho y la persona no está nunca satisfecha con nada. “La infelicidad está servida”.

  • Exceso de dependencia: Ocurre sobre todo en menores, que no quieren ir al colegio separándose de la familia, no quieren irse a dormir en solitario por “miedo a los monstruos y las brujas”, o tampoco quieren salir a la calle por temor a perderse, etc. Con papá y mamá sienten protección, el problema es que no aprenden a valerse por su propio pie si  los progenitores no saben cómo gestionar esto. La sobreprotección suele ser una de las causas al respecto.

  • Preocupaciones y rumias: La persona comienza a darle vueltas a la cabeza sobre los posibles peligros de conducir con lluvia, que el jefe les despida, que la niña saque malas notas en el colegio, etc. Al igual que algunos mamíferos al comer, las personas ansiosas regurgitan el pensamiento ansioso, para rumiarlo, ponerse de los nervios y volvérselo a tragar, hasta dentro de un rato. El caso es que “la cabeza nunca descansa”.

  • Ideas intrusivas: Son ideas desagradables que vienen a la mente como los spams en el ordenador. Generan un enorme malestar en la persona que las vive, son muy molestas porque tratan sobre temas como contagiarse una enfermedad, ser violado, una maldición en la familia, la muerte de un ser querido por no comprobar el gas, volverse loco y atacar a alguien, etc. A estas ideas intrusas, se les llaman obsesiones, la persona las suele neutralizar con rituales repetitivos o compulsiones.

  • Conductas rituales y compulsiones: Son una serie de comportamientos motrices como abrir y cerrar la puerta un número de veces, tocar madera, encender y apagar el interruptor un número de veces, lavarse las manos aún estando limpias, etc. Otras veces son mentales, como contar, rezar, repetir una serie de palabras, etc. El objetivo es reducir la ansiedad o las ideas intrusas. Desafortunadamente, cada vez que se emplean, el alivio es momentáneo y a largo plazo las ideas intrusas se refuerzan.

  • Flash backs: Es un período de ruptura con la realidad, donde la persona revive con todo detalle el acontecimiento traumático tal y como lo experimentó en su momento, con toda la implicación emocional que eso conlleva. La persona de disocia o se fragmenta una parte de su conciencia que da un salto al pasado. Luego regresa confusa, desorientada y aterrada por haber revivido todo.

  • Pesadillas: Cuando el contenido del sueño se torna terrorífico, vivimos en ese estado de conciencia una situación agobiante donde no podemos escapar, sentimos pesadez, falta de aire y una enorme angustia. Tenemos un total de 7 ensoñaciones a lo largo de la noche aunque no las recordemos, duran alrededor de 20 minutos, pero cuando es una pesadilla se hacen eterna.

    En ella, perdemos el sentido de la realidad y no podemos despertar, como si estuviésemos atrapados dentro del sueño. Las pesadillas se suelen dar sobre todo en período de mucho estrés, es una forma que tiene nuestro cerebro de asimilar la nueva situación que vamos a vivir y un intento de integrar el miedo a lo desconocido que ello conlleva.

 

¿Cuáles son los tipos de ansiedad que existen?

 

Si bien es cierto que en los trastornos de ansiedad suelen coincidir gran parte de los síntomas, se diferencian en la temporalidad de estos y las formas que adoptan, vamos a echar un ojo a los principales trastornos de ansiedad:

 

  • Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): Este trastorno se caracteriza por la presencia continua de preocupaciones y rumia, la persona teme que sus creencias catastróficas vayan a ocurrir. Esto se traduce en que nos encontramos ante una persona que no puede relajarse ni bajar la guardia en ningún momento, por lo tanto, los dolores corporales, las alteraciones en la alimentación y en el sueño también están presentes.

  • Fobias: Es un miedo irracional y persistente a algo o alguien que no es potencialmente peligroso. Hay tantas fobias como personas, son fruto de un emparejamiento accidental entre un estímulo neutro y un miedo intenso donde la persona pensó que peligraba su integridad física o psicológica. La mayoría se desarrollan en la infancia, tienen un componente educacional fuerte, ya que los hijos aprenden los miedos de los padres. Además, tenemos una predisposición genética a desarrollar fobias a animales.

  • Ansiedad social: Se trata de un miedo persistente a ser criticado, juzgado o agredido por parte de los demás. Esta ansiedad se alimenta de las conductas de evitación o escape que la persona hace en las situaciones sociales. A veces actúan como si los demás pudieran ver la ansiedad a través de ellos. Suele presentarse en personas introvertidas y con historia de acoso escolar.

  • Trastorno de pánico: Consiste en la presencia de tres o más ataques de pánico a lo largo de un mes. La persona aprende a centrarse en exceso en su tasa cardíaca y vive por y para la evitación de la aparición de nuevo de los ataques de pánico. Cualquier aumento de la tasa cardíaca o en la tensión, se vuelven abominables. De este modo, es habitual que dejen de hacer ejercicio, de tomar cafeína, de tener relaciones sexuales, o subir escaleras, etc…

  • Agorafobia: Es el miedo a estar en espacios públicos lejos de casa, sobre todo si no se tiene escapatoria, como el trasporte público o un hipermercado. La persona acaba al final por no salir de casa. El detonante suele ser un ataque de pánico o una situación muy embarazosa. Por eso hay personas que desarrollan también Agorafobia con ataques de pánico, donde se presentan los síntomas de ambos trastornos.

  • Trastorno de ansiedad por separación: Este trastorno se da sobre todo en niños que comienzan la etapa escolar, tienen un vínculo de apego muy ansioso con sus padres y no quiere separarse de ellos. El menor suele tener pataletas, llorar, tirarse al suelo, mostrar miedo extremo y una constante negativa de ir al colegio sin que haya acoso escolar en dicho contexto.

  • Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC): Es un trastorno persistente y de evolución crónica sin tratamiento, donde se dan obsesiones y compulsiones. La persona cada vez tiene más reglas, rituales y restricciones en las relaciones familiares, en el trabajo o en contextos académicos. Además son muy perfeccionistas y tienen que tenerlo todo bajo un control estricto.

  • Trastorno por estrés agudo (TPA) y Trastorno por estrés post traumático (TEPT): Se produce cuando la persona ha vivido un acontecimiento donde ha estado en peligro su vida o le han hecho un gran daño psicológico. Por eso le suelen llamar “neurosis de guerra”. Ej. Un accidente, sobrevivir a un bombardeo o ser violado. La persona entra en un estado de shock, comienza a tener flash backs y pesadillas donde revive el acontecimiento, les cambia su manera de ser, empezando a estar alerta por miedo a que se vuelva a repetir la situación tan estresante y traumática que experimentó. En realidad se trata de la misma enfermedad, con la diferencia que el TPA se da hasta los tres primeros meses siguientes al trauma y el TEPT a partir de los tres primeros meses del acontecimiento, siendo la sintomatología prácticamente idéntica.

 

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¿Cómo suelen afrontar las personas los trastornos de ansiedad?

 

Existen una serie de tácticas que las personas emplean para hacer frente a las situaciones que consideran peligrosas, estos estilos de afrontamiento de la ansiedad están basados en las formas de enfrentar los peligros que tenemos los seres vivos, como son quedarse paralizado, huir o luchar. Ante un peligro real son realmente eficaces, pero ante los peligros imaginarios que están en nuestra mente, lo único que hacen es reforzar el miedo y la ansiedad ante la situación.

Los estilos de afrontamientos ineficaces ante la ansiedad son:

 

  • La rendición: Consiste en seguir manteniendo la situación sin buscar un remedio, incluso justificando la ansiedad y no considerándose capaz de plantarle cara. La negación o el intento de ocultar la ansiedad serían algunos ejemplos.

  • El escape: La persona al principio huye de la situación que le produce ansiedad si es externa y luego la evita para no volver a sentir lo mismo. En los casos donde la ansiedad se presenta en cualquier momento es muy frecuente que la persona se medique por su cuenta, recurra al alcohol o al cannabis para rebajar sus niveles de ansiedad. Otras formas de escape son atracones de comida, los juegos de azar, las compras compulsivas u otro tipo de conductas autodestructivas.

  • La sobrecompensación: Esta bien luchar contra una situación peligrosa o que pensamos que lo es, es algo sano, pero en su justa medida, que sería compensar. Este estilo se vuelve ineficaz cuando se lucha al extremo contra el problema y “se matan mosquitos a cañonazos”. No solo no desaparece la ansiedad, sino que además se fortalece.

    Algunos ejemplos de sobre-compensación son la lucha extrema cuando se hace todo lo contrario a la ansiedad, actuando de forma temeraria con imprudencia; mostrando chulería como si nada te diese miedo o te produjese ansiedad; también el intento de control extremo de esta o un perfeccionismo a ultranza.

La única forma sana de afrontar la ansiedad es reconociéndola, aceptándola, aprendiendo que nos quiere decir, exponiéndose poco a poco a las situaciones temidas y una serie de técnicas que se describirán después.

 

¿Qué me hace vulnerable a un trastorno de ansiedad?

 

Las causas de los trastornos de ansiedad son de origen diverso; circunstancias biológicas (herencia genética y temperamento), psicológicas (rasgos de personalidad) y sociales (estilos educativos y circunstancias vitales)

En los factores biológicos encontramos que es frecuente en la persona tener un temperamento ansioso desde bebé, frente a los que son más calmados. Si además hay historia familiar de personas con problemas de ansiedad es señal de tener por origen genético. A nivel anatómico se da una amígdala cerebral hipersensible ante los posibles estímulos dañinos.

En los factores psicológicos encontramos los rasgos de personalidad, que son facetas que todas las personas tenemos, donde actuamos de una determinada manera con todo el mundo y desde siempre. Son características que se muestran en patrones estables de pensamiento, emociones y acciones que nos definen cuando nos relacionamos con los demás.

Concretamente hay dos factores de personalidad que se asocian a los trastornos de ansiedad, como son el neuroticismo y la responsabilidad: Mientras que la primera es la tendencia a ser excesivamente sensible a las emociones negativas, la segunda es un intento continuo de hacerse cargo de las cosas, mantener todo perfecto, ordenado y bajo control. Esto no quiere decir que todas las personas con un alto nivel de neuroticismo o responsabilidad tengan que padecer a la fuerza un trastorno de personalidad o de ansiedad, pero sí le hace más proclives a desarrollarlo.

En los factores sociales tenemos dos vertientes, los actuales y los vividos durante la infancia o la adolescencia:

Entre los actuales se encuentran una serie de acontecimiento que producen un cambio más o menos duradero en la directriz de la persona, como son; la pérdida de un ser querido, que te despidan, nacimiento de un hijo, casarse, etc. Pero son los estresores cotidianos los que a largo plazo resultan más dañinos y producen un mayor desgaste, ej: atascos, falta de sueño, inestabilidad laboral, discusiones de pareja, etc…

Entre factores que te hacen vulnerable a los trastornos de ansiedad en la infancia y la adolescencia, nos encontramos con las vivencias que la persona ha tenido con los compañeros, en el colegio y sobre todo con la familia con sus estilos educativos:

  • Padres muy exigentes, críticos, perfeccionistas y muy demandantes: La persona no solo aprendió viendo la manera de ser de los padres, sino que además cometer errores o fracasar no eran una opción, por eso estaba siempre en tensión. Si además fueron fríos cuando no se sacaban unas notas espectaculares, los niños acabaron obsesionándose con los logros muy elevados a lo largo de su vida. Con este tipo de padres, era más habitual estar siempre alerta o reprimiendo las emociones, frente a la sana espontaneidad y la relajación.

  • Padres muy castigadores, que cambiaban de humor con facilidad: Eran muy imprevisibles, este tipo de padres suelen dar salida a la frustración pegando a los hijos cuando se cansan de escucharlos o corrigen los errores de manera extrema. Puede incluso que hubiese malos tratos en la familia. El niño creció en un ambiente donde nada es previsible y todo es incertidumbre. Se supone que los padres tenían que protegerle, no causarles miedo y ansiedad. Estos niños no aprendieron a sentirse seguros y protegidos. Recuerda: “pegar no es educar.”

  • Padres miedosos y sobreprotectores: Estos padres enseñaron que el mundo es peligroso y que cualquier situación imprevista podría desencadenar una catástrofe. Por lo tanto, no dejaron libertad ni autonomía al hijo/a, que creció sintiéndose más niño de lo que le correspondía y sin la competencia necesaria para afrontar las situaciones difíciles. Una vez que son adultas, estas personas acaban dependiendo en exceso de los demás por miedo a no valerse por sí mismas.

  • Padres ausentes, poco comprensivos, fríos y poco cariñosos: Estos progenitores están siempre fuera de casa y el poco tiempo que pasan con la criatura casi no le hacen caso. No les escuchan, corrigen u ofrecen guía. Esto produce en el niño el miedo a ser abandonado, a estar sólo y a no tener un vínculo estable de cariño.

     

 

Tratamientos más utilizados para la ansiedad en psicología

 

El modelo que ha demostrado tener una mayor eficacia es el tratamiento de la ansiedad cognitivo-conductual y derivadas. Partimos de la premisa que las creencias irracionales aprendidas producen ansiedad y la ansiedad motiva a tener algún estilo de afrontamiento ineficaz que refuerza el problema y la persona entra en bucle.

La terapia cognitivo-conductual tiene una serie de técnicas que no solo reducen los síntomas de los trastornos de ansiedad de manera rápida, sino que además tienen menor número de recaídas que otras modalidades de terapia psicológica. Lo que significa que los cambios son duraderos. 7 de cada 10 pacientes se curan y no vuelven a padecer el trastorno nunca más, resultando más eficaz que la medicación que solo les funciona a 3 de cada 10 pacientes.

 

¿Cómo se cura la ansiedad?

 

Son una serie de estrategias que se aplican tanto en consulta psicológica online como a modo de tarea para casa, estas intervienen sobre los pensamientos, las emociones y los actos sobre todo, corrigiendo los síntomas antes descritos de estas disfunciones emocionales. Presentamos las 12 técnicas utilizadas en el tratamiento de la ansiedad:

  • Higiene del sueño: Son una serie de pautas para llegar con sueño a la noche y no realizar actividades que puedan desvelar a la persona. Por ejemplo, tomar mucho café por la tarde, no hacer ejercicio antes de dormir, etc…

  • Control de la ingesta: Las comidas copiosas además de producir insomnio por las digestiones difíciles durante la noche, a veces son un estilo de afrontamiento de evitación de la ansiedad, que la promueve. Cuanto más come la persona, más apetito, ansias y ansiedad siente, entrando en bucle. Por eso requiere que se controlen las comidas con un asesoramiento alimentario más saludable.

  • Ejercicio físico: Salir a caminar con una música agradable, apuntarse a un gimnasio o hacer alguna actividad física, ayuda a controlar los niveles excesivos de energía y a mejorar el ánimo, que suele estar bajo en personas con ansiedad.

  • Trabajo con habilidades sociales: Se enseña al cliente a relacionarse con los demás de manera eficaz, defendiendo su punto de vista asertivamente y sin faltar al respeto a nadie ni tampoco cediendo. A veces el aislamiento social es fruto de no saber mantener una conversación o expresar las emociones de manera adecuada, por eso se hace necesario leer bibliografía o hacer role play para ensayar la conducta apropiada.

  • Exposición gradual in vivo: Consiste en hacer una lista de las situaciones temidas en la vida real con la ayuda del psicólogo, valorarlas de la más sencilla a la más difícil y exponerse a ellas de menor a mayor, hasta que el nivel de ansiedad se reduzca. Cada semana se va tratando un escalón que la persona ha estado evitando porque le producía ansiedad y ahora debe exponerse a él hasta que se habitúe.

    Esta técnica es un denominador común en el tratamiento de casi todos los trastornos de ansiedad. Se puede recurrir al apoyo de la relajación o a la tarjeta recordatorio durante la exposición.

  • Exposición gradual en imaginación: Similar a la anterior, con la diferencia que se hace en una imaginación guiada por el psicólogo. El objetivo es el mismo. Esta modalidad se utiliza cuando la situación temida es de difícil acceso. Ej. Volar en un avión. O también como ensayo previo a la exposición gradual in vivo, para que la persona vaya más tranquila y preparada.

  • Exposición con prevención de respuesta: Esta modalidad de exposición puede ser parecida a las dos anteriores, se aplica en el TOC y consiste en exponerse a las situaciones temidas o a las obsesiones (ideas intrusas), sin después recurrir a la compulsión o al ritual de corrección de la ansiedad. El resto de la metodología es idéntica.

  • Reestructuración cognitiva: Esta técnica consiste en sustituir las creencias ansiógenas (preocupaciones, rumias o creencias catastróficas) por otras más racionales, ajustadas a la realidad y basadas en la evidencia. Se le pregunta al cliente por la probabilidad de ocurra lo que teme o se les pide que demuestren ese peligro al que tanto respetan.

  • Psicoeducación: Se instruye al cliente para que aprenda cómo funcionan sus pensamientos, sus emociones, y sus actos. Indicando que estos le hacen auto sabotaje y el mismo se refuerza la ansiedad. Se le enseña cómo analizar la función de su conducta y acerca de lo inofensivos que son los pensamientos catastrofistas, que en verdad, no concuerdan con la realidad.

  • Técnicas de relajación: Consisten en una serie de métodos de respiración, estiramientos musculares e imaginaciones para controlar la ansiedad de manera saludable. La persona puede ensayarlas a diario para bajar sus niveles habituales de ansiedad y también para reducir el pánico en un momento crítico.

  • Detección y detención del pensamiento: Técnica donde se aprenden a frenar las rumias y sustituirlas por pensamientos e imágenes agradables.

  • Autoinstrucciones positivas: Consiste en verbalizaciones de contenido positivo, pueden ser interiores o en voz baja para motivarse a hacer las tareas, o para enfrentarse a los temores. Al estar pensando en positivo, se hace incompatible con las rumias o las creencias irracionales. A veces se puede recurrir a una tarjeta recordatorio para tomar fuerzas durante la exposición gradual a la situación temida.

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Si sientes identificació con algo de lo que se ha descrito hasta ahora, no dudes en ponerte en contacto con un psicólogo online para tratar tu problema de ansiedad. Puedes hacer nuestro breve test de ansiedad para saber si estás padeciéndola. Juntos podemos hacer que tu vida sea más serena, feliz y tranquila. Inicia ahora tu terapia online.

 

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